EHUren 25. urteurrenean
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2005eko otsailaren 25ean Deia egunkarian argitaratutako testua
Una labor inapreciable
La Universidad del País Vasco festeja hoy su vigesimoquinto aniversario. Esta noticia produce esperanza, pero también evoca los tiempos en los que surgió una Universidad al servicio de esta sociedad. Lo primero que me viene a la memoria, como estudiante que comenzó sus estudios universitarios cuando la Universidad del País Vasco comenzaba a dar sus primeros pasos, a trompicones y con ilusión, es el tiempo pasado, cuando solo los hijos de las familias acomodadas tenían la oportunidad de cursar estudios universitarios. Había miles de familias humildes cuyos hijos no tenían una oportunidad para formarse en la Universidad y cursar una carrera superior. En Euskadi, la dictadura, la derecha más conservadora y reaccionaria que lamentablemente a veces se proyecta en nuestros días, jamás quiso que los jóvenes, todos los jóvenes, tuvieran la oportunidad de hacerse mayores de edad en la Universidad.
Creo que no exagerar si digo que cuando las puertas de las aulas de la Universidad del País Vasco se abrieron hace 25 años una satisfacción general inundó las esperanzas de muchas familias vascas que querían y deseaban dar a sus hijos la oportunidad que ellos habían tenido. Fueron miles los jóvenes que, por primera vez en sus respectivas familias, accedían a los estudios superiores. Ser ingeniero, médico, economista, periodista, filólogo, abogado...dejaba de ser un privilegio al que accedía solamente una parte de la sociedad.
Recuero también los largos trayectos que había que hacer para estar sentado en las sencillas sillas de las aulas austeras minutos antes de que entrara el profesor. Los medios de comunicación tenían muy poco que ver con los actuales y en zonas como la Margen Izquierda del Nervión no había un solo puente de acceso hacia Leioa desde Deusto hasta Portugalete. Había que levantarse a las seis y media de la madrugada para no perderse la primera clase, pero todos lo hacíamos con ilusión y sin quejarnos porque teníamos en honor de ser los primeros de nuestras respectivas familias que íbamos a la Universidad y no entraba en nuestros planes fallarle a nadie porque nuestros padres hacían un esfuerzo por nosotros. Se espera mucho de aquella generación de jóvenes a la que yo pertenezco y pusimos tanto interés como entusiasmo en ser los primeros licenciados de las primeras promociones universitaria.
Qué lejos, pero que cerca, quedan aquellas clases, aquellos cafés de debate y discusión sobre todo lo que ocurría a nuestro alrededor. Los grupos de amigos que se compraban libros a medias y se los pasaban de unos a otros porque no había recursos para comprar todo lo que había que leer. ¡Y había que leer mucho!. La Universidad Vasca, desde este punto de vista, nació con la sencillez que caracteriza a los vascos. Hacemos las cosas con entusiasmo y ponemos todo de nuestra parte para hacer las cosas más difíciles o complejas de manera sencillas. La sencillez de lo complejo ha hecho que hoy tengamos licenciados en aquella época reconocidos internacionalmente como grandes físicos, como grandes artistas o como grandes profesionales.
La Universidad del País Vasco nació para ser del pueblo y, desde entonces, nunca ha dejado de ser del pueblo. Y en las paredes de sus aulas miles de jóvenes han dejado escritos los rasgos que definen nuestra identidad. Forma parte de nosotros y nosotros de ella. Alejada de grandilocuencias y de boatos, nuestra Universidad quizá no sea ni mejor ni peor que otras, pero es la nuestra. Con todos sus problemas y con todas sus virtudes, que son muchas. Porque sería tan injusto decir que la Universidad no tiene problemas que, entre todos, tenemos que resolver, como hacer un balance absolutamente complaciente.
Quienes salimos entonces de las aulas tras años de estudios pronto nos dimos cuenta de que nos equivocamos al pensar que por fin habíamos acabado un calvario de estudio y sacrificio y que a partir de entonces sólo quedaba recoger los frutos del esfuerzo. En realidad no acababa nada, porque los retos no hacían otra cosa que comenzar. Muchos padres también comprobaron en aquellos años de crisis y paro que ir a la Universidad tampoco daba un cheque en blanco. La educación y la formación continuaban y cada trabajo requería de más esfuerzo y adaptación. Creo que en esto las cosas no han cambiado y si lo han hecho es para dejar sentado que somos estudiantes de por vida. Y lo mejor que hizo la Universidad por todos nosotros fue enseñarnos a estudiar y a ver el Mundo con criterio propio. Hoy no seríamos como somos si no hubiera existido la Universidad del País Vasco.
